Cómo aprender las tablas de multiplicar: orden, ritmo y trucos

Las tablas de multiplicar parecen una montaña: diez tablas de diez resultados, cien multiplicaciones que memorizar. Visto así, cualquier niño se agobia. Pero si quitas las que ya sabe sin esfuerzo y aprovechas que 3 × 8 es lo mismo que 8 × 3, la montaña se queda en 36. Esta guía explica en qué orden ir, cuánto practicar cada día y qué hacer con las multiplicaciones que se resisten.
No son cien multiplicaciones, son 36
Haz la cuenta con tu hijo delante, porque cambia la forma en que mira las tablas. Del 1 al 10 hay diez tablas con diez resultados cada una: cien casillas. Ahora tacha las que no hace falta estudiar.
- La tabla del 1 no se aprende: 1 × 6 es 6, sin más.
- La tabla del 10 tampoco: se pone un cero detrás. 10 × 4 = 40.
- Quitando el 1 y el 10, quedan los factores del 2 al 9: 64 casillas.
- Y de esas, la mitad están repetidas. 3 × 8 y 8 × 3 dan 24 las dos. Si cuentas cada pareja una sola vez, salen 36 multiplicaciones distintas.
Treinta y seis. Y unas cuantas de ellas, como 2 × 3 o 5 × 4, el niño las saca casi solo desde el primer día. La tarea real es bastante más pequeña de lo que parece cuando se mira el cuadro entero colgado en la pared de la clase.
Paso 1: que entienda qué es multiplicar antes de memorizar
Un niño que se sabe 4 × 3 = 12 de carrerilla pero no sabe qué significa no puede recuperarlo cuando se le olvida. Uno que sabe que 4 × 3 son cuatro grupos de tres, sí: cuenta 3, 6, 9, 12 y llega solo.
Por eso el primer paso no es la retahíla, sino ver la multiplicación. El Real Decreto 157/2022, que fija las enseñanzas mínimas de Primaria, lo dice con estas palabras: la construcción de las tablas de multiplicar se apoya en el número de veces, la suma repetida o la disposición en cuadrículas. En casa eso se traduce en cosas muy concretas:
- Tres platos con cuatro galletas cada uno: 3 × 4.
- Una tableta de chocolate de 4 filas y 6 onzas: 4 × 6 = 24 onzas.
- Dos manos con cinco dedos: 2 × 5.
Con dos o tres tardes de esto basta. No hace falta convertirlo en un proyecto. Lo que buscas es que, cuando vea 6 × 7, sepa que hay seis grupos de siete escondidos detrás.
Paso 2: un orden que va de lo fácil a lo difícil
El orden de 1 a 10 es el orden de los números, no el orden de la dificultad. Si se aprenden en un orden pensado, cada tabla nueva trae menos multiplicaciones nuevas que la anterior, porque las demás ya salieron en tablas pasadas. Fíjate:
| Orden | Tabla | Multiplicaciones nuevas | Por qué en este lugar |
|---|---|---|---|
| 0 | del 1 y del 10 | ninguna | son gratis |
| 1 | del 2 | 8 | son los dobles que ya usa al sumar |
| 2 | del 5 | 7 | se cuenta de 5 en 5, como en el reloj |
| 3 | del 4 | 6 | es el doble de la del 2 |
| 4 | del 3 | 5 | ritmo corto y fácil de contar |
| 5 | del 9 | 4 | tiene el truco de los dedos |
| 6 | del 6 | 3 | es la del 5 más un poco |
| 7 | del 8 | 2 | se dobla tres veces |
| 8 | del 7 | 1 | solo queda 7 × 7 |
Suma la columna del medio: 8 + 7 + 6 + 5 + 4 + 3 + 2 + 1 = 36. Son las mismas 36 de antes, repartidas de forma que la carga baja a medida que el niño se cansa. Cuando llega a la temida tabla del 7, solo le queda una multiplicación que no haya visto ya por otro lado.
No todos los colegios siguen este orden, y no pasa nada. Si en clase van por otro camino, en casa puedes apoyar con esta idea igualmente: antes de cada tabla nueva, marca con tu hijo cuáles de sus resultados ya conoce. Para la primera parte del camino tienes más detalle en las tablas del 1 al 5, y para la segunda en las tablas del 6 al 10.
Paso 3: girar las multiplicaciones desde el primer día
Todo lo anterior se apoya en una idea: 3 × 8 y 8 × 3 son lo mismo. Para un adulto es obvio. Muchos niños de ocho años, en cambio, las guardan como dos datos distintos y estudian el doble de lo necesario.
Enséñaselo con algo que se pueda girar. Dibuja en papel cuadriculado un rectángulo de 3 filas y 8 columnas, cuenta las casillas y luego gira el papel. Ahora son 8 filas de 3, y las casillas son las mismas 24. En un estudio de la Universidad de Granada publicado en Enseñanza de las Ciencias usaron exactamente estos rectángulos girados con alumnos de 3.º y 4.º, y preguntaron qué parte de la tabla del 6 podían completar ya sabiendo las tablas del 1 al 5. La respuesta es casi toda: hasta 6 × 5 todo había salido antes.
Haz esa misma pregunta cada vez que empiece una tabla: de esta tabla, ¿cuáles te sabes ya? Es la pregunta que convierte una tabla nueva en un repaso con tres o cuatro novedades.
Paso 4: de la retahíla a las multiplicaciones salteadas
Recitar la tabla en orden (8, 16, 24, 32...) es un buen comienzo. Da ritmo y ayuda a que los resultados le suenen. El problema llega cuando el niño solo sabe la tabla así. Pregúntale 8 × 7 y verás cómo mueve los labios desde el principio, contando siete saltos. Eso es saber contar, todavía no es saber la tabla.
Para pasar al siguiente escalón, cambia el formato poco a poco:
- Primero la tabla en orden, de arriba abajo.
- Luego al revés, de 8 × 10 hacia 8 × 1.
- Después salteada: 8 × 4, 8 × 9, 8 × 2...
- Por último, mezclada con las tablas anteriores.
Cada vez que falle, no le des el resultado sin más. Pregúntale de dónde lo puede sacar: si 8 × 7 no sale, 8 × 5 sí, y luego se suman dos ochos. Los trucos de cada tabla sirven justamente para eso, para tener un camino de vuelta cuando la memoria falla.
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Paso 5: cómo aprender las tablas con poco tiempo al día
Aquí es donde más se equivocan las familias con buena intención: una hora el domingo antes del examen. Funciona hasta el lunes. Las tablas se quedan cuando se vuelve a ellas en días distintos, aunque sea poco rato.
No es una opinión. La Association for Psychological Science resumió una revisión de diez técnicas de estudio, y las dos que salieron mejor paradas fueron justo estas: repartir la práctica en el tiempo en lugar de concentrarla, y ponerse a prueba uno mismo en lugar de releer. Para las tablas quiere decir:
- Diez minutos al día, cinco días a la semana, mejor que una sesión larga.
- Preguntar, no repasar. Leer la tabla en voz alta mirando el libro cuenta poco. Lo que fija es tener que sacar el resultado sin verlo.
- Una tabla nueva cada una o dos semanas, no cada tres días. Hay niños que necesitan más, y no es mala señal.
Esos diez minutos caben en sitios que ya existen: el trayecto al colegio, mientras se pone la mesa, la cola del supermercado. No hace falta sentarse con un cuaderno.
Y deja el cronómetro para más adelante. Pedir velocidad a un niño que todavía tiene que pensar cada resultado solo le añade nervios, y con nervios se equivoca más y se convence de que se le dan mal las matemáticas. Primero que acierte con calma. Cuando acierte casi siempre, la rapidez llega sola con la repetición, y entonces sí puede ser un juego: ¿cuántas sacas en un minuto? ¿Mejoras lo de ayer? Compite contra sí mismo, nunca contra el hermano mayor ni contra el compañero que ya se las sabe todas. Hay niños que tardan un curso entero en tener firmes las tablas del 6 al 9, y es normal.
Paso 6: volver a las tablas viejas
Cuando una tabla ya sale, la tentación es pasar página. Pero una tabla que no se vuelve a ver se empieza a borrar en pocas semanas, y los niños lo notan en el peor momento: en las divisiones de 4.º, cuando necesitan las tablas a toda velocidad y ya no las tienen.
La solución es sencilla: en cada sesión, unos minutos de la tabla nueva y unos minutos de multiplicaciones mezcladas de las anteriores. Cuantas más tablas sepa, más rica la mezcla. Y cuando ya domine una, enséñale la vuelta: si 6 × 4 = 24, entonces 24 : 6 = 4. Las tablas de dividir son las mismas tablas leídas al revés, y practicarlas también repasa la multiplicación.
Las multiplicaciones que más se resisten
Hay un puñado de multiplicaciones que fallan casi todos los niños: 6 × 7, 6 × 8, 7 × 8, 8 × 9 y 7 × 7. No es casualidad. Llegan al final, no tienen un patrón llamativo y sus resultados se parecen entre sí (42, 48, 54, 56).
No intentes que entren a base de repetir más. Dale a cada una un apoyo distinto y practica juntas las que se confunden:
- 7 × 8 = 56: cinco, seis, siete, ocho. 56 = 7 × 8.
- 6 × 8 = 48: seis por un número par termina en ese número, y delante va la mitad. La mitad de 8 es 4: 48.
- 8 × 9 = 72: desde la del 10, 80 − 8 = 72.
- 6 × 7 = 42: cinco sietes son 35, uno más son 42.
Si después de varias semanas una multiplicación sigue sin salir, apúntala en un pósit y pégalo donde se vea a diario. Es poco técnico, pero funciona mejor que otra ficha.
Cómo saber que una tabla ya está aprendida
Saber recitarla no basta. Una tabla está aprendida cuando el niño cumple estas cuatro cosas, y puedes comprobarlo en dos minutos:
- Responde salteado, sin arrancar desde el principio.
- Tarda unos tres segundos o menos en cada multiplicación.
- Le da igual el orden: 7 × 4 y 4 × 7 le salen igual de rápido.
- Una semana después, sin repasar, sigue saliendo.
Si falla el punto 4, no la aprendió: la tenía prestada. Vuelve a meterla en la mezcla unos días más. Y si tu hijo se bloquea con las matemáticas en general, no solo con las tablas, lee también mi hijo no entiende matemáticas.
Para mañana: coge una hoja, dibuja el cuadro del 2 al 9 y colorea con tu hijo las casillas que ya sabe. Lo que quede en blanco es su lista de verdad, y casi siempre es más corta de lo que los dos esperabais.
