Tablas de multiplicar con TDAH: sesiones cortas que funcionan

Para un niño con TDAH, una hoja con cuarenta multiplicaciones es una montaña. Empieza bien, a la quinta línea ya mira por la ventana y a la décima ha dejado de leer lo que escribe. No es falta de interés por las tablas. Es que el formato le pide justo lo que más le cuesta: sostener la atención mucho rato sin saber si lo está haciendo bien.
Por qué la hoja larga no funciona
Los niños con TDAH suelen tener dificultades con la memoria de trabajo, el espacio en la cabeza donde se guarda un dato mientras se usa otro. Y les cuesta mantener la atención en tareas largas y repetitivas. Una ficha de repaso reúne las dos cosas. Además, el niño no sabe si va bien hasta que alguien la corrige, a veces al día siguiente, cuando ya ha repetido el mismo error veinte veces.
Las orientaciones para el profesorado que publicó en 2006 la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, Escolares con TDAH (Artiles y Jiménez), recomiendan justo lo contrario de la hoja larga: reducir y fragmentar las tareas, supervisar los ejercicios a medida que se terminan, negociar periodos cortos de atención que se van alargando poco a poco y reforzar inmediatamente después del esfuerzo. Incluso para los exámenes aconsejan pruebas cortas en días sucesivos mejor que una larga en un solo día. Todo eso se traslada muy bien a las tablas.
1. Cinco minutos, con el final a la vista
Pon un temporizador que tu hijo pueda ver, de esos de cocina o de arena. Cinco minutos y se acaba, aunque vaya bien. Saber cuándo termina hace que aguante; una sesión sin final claro se vive como interminable. Si un día pide seguir, perfecto, pero la regla es que el final lo marca el reloj, no tu paciencia.
Mejor dos sesiones de cinco minutos, una por la mañana y otra por la tarde, que una de veinte. Al repartirlas, la memoria vuelve a lo mismo en momentos distintos, que es lo que la fija.
2. Tres multiplicaciones nuevas, no diez
En cada sesión trabaja con pocas multiplicaciones nuevas: dos o tres. Si está con la tabla del 6, que hoy sean 6 × 7, 6 × 8 y 6 × 9. El resto de la sesión se completa con multiplicaciones que ya sabe, para que acierte a menudo. Un niño que acierta siete de cada diez sigue; uno que falla siete de cada diez se rinde.
Si ya conoce la tabla del 5 y la del 2, recuérdale que 6 × 7 es 5 × 7 más 7. Y si sabe que 7 × 6 da 42, no tiene que aprender 6 × 7 aparte: lo explicamos en la propiedad conmutativa.
3. Respuesta inmediata, en el momento
Pregunta, responde, y en ese mismo segundo sabe si ha acertado. Nada de corregir la ficha al final. Si falla, dile el resultado correcto, que lo repita una vez y pasa a la siguiente; esa multiplicación volverá a salir dentro de un minuto. Corregir tarde deja que el error se repita y se fije.
Esta es una de las razones por las que la práctica en pantalla suele funcionar con estos niños: la corrección es instantánea. Pero se consigue lo mismo con tarjetas y un adulto al lado.
4. Que se mueva mientras practica
Muchos niños con TDAH piensan mejor de pie. Aprovéchalo: una multiplicación por escalón al subir a casa, una por bote de pelota, una por salto a la comba. Pasarse una pelota y contestar antes de devolverla es uno de los juegos para aprender las tablas que mejor funcionan con ellos, porque el propio lanzamiento marca el ritmo.
Sesiones cortas con respuesta al momento
Cada tabla se divide en cinco estrellas que se consiguen una a una, así que cada sesión tiene una meta pequeña. Gratis y sin instalar nada.
5. Menos papel, más voz
Escribir es lento y a muchos de estos niños les cuesta. Si la tarea es practicar la tabla, que el lápiz no sea el obstáculo. Pregunta en voz alta y que conteste en voz alta. El papel queda para el final, cuando quieras dejar constancia de lo que ya sabe.
6. El progreso, a la vista
Haz una lista en la nevera con las multiplicaciones de la tabla y que tache las que ya salen salteadas. Ver que la lista se acorta motiva más que cualquier premio. Una pegatina al terminar la sesión de cinco minutos también vale, siempre que sea por el esfuerzo de la sesión y no solo por acertar.
7. Cuidado con el cronómetro
La velocidad llega al final, cuando ya acierta. Competir contra el reloj antes de tiempo genera nervios y respuestas al azar, y en un niño impulsivo el resultado es peor que sin reloj. Si quieres meter tiempo, que compita contra sí mismo: «Ayer tardaste un minuto en estas diez; ¿hoy?». Para saber si una tabla ya está firme, usa la prueba de las tablas de multiplicar salteadas.
Lo que suele salir mal
Hay cosas que se hacen con la mejor intención y que con estos niños tienen el efecto contrario. Dejar la sesión de tablas para la noche, cuando ya no le quedan fuerzas, es una. Mejor justo después de merendar o antes de salir al parque, que funciona además como premio al terminar.
Otra es castigar el error. Si cada fallo trae un suspiro o un «pero si esto ya lo sabías», el niño aprende a no contestar, que es peor que contestar mal. Y la tercera es cambiar de método cada semana: un día cartas, otro una aplicación, otro una canción. Elige dos formas de practicar que le gusten y mantenlas. La rutina le da seguridad y le ahorra la energía de entender cada día unas reglas nuevas.
Las tablas de multiplicar con TDAH, en el colegio
Si tu hijo tiene diagnóstico, habla con su tutor y con el equipo de orientación. Muchas de estas medidas se pueden aplicar también en clase: fichas más cortas, corrección mientras trabaja, exámenes de tablas divididos en dos días. No es pedir un trato de favor; son las adaptaciones que recogen las propias guías educativas.
Y si las tablas siguen sin entrar después de semanas de sesiones cortas, revisa si entiende qué es multiplicar o si solo intenta memorizar resultados sin sentido. Tiene sentido explicarle también para qué sirven las tablas: a muchos niños les cuesta menos el esfuerzo cuando saben a dónde lleva. Esta semana, prueba solo con una cosa: temporizador de cinco minutos y tres multiplicaciones nuevas.
