Mi hijo no entiende problemas de matemáticas: suele ser lectura

Hace bien las sumas, sabe las tablas, y en cuanto la cuenta viene dentro de un enunciado se bloquea o hace la operación que no es. Es una de las quejas más repetidas en las tutorías de Primaria. Antes de repasar más cálculo, merece la pena comprobar otra cosa: si ha entendido lo que ha leído.
Mi hijo no entiende problemas, pero sí las cuentas
Un problema de matemáticas tiene dos partes. La primera es leer un texto y convertirlo en una idea: hay unos cromos, alguien tiene más que otro, nos preguntan por uno de los dos. La segunda es calcular. Cuando un niño hace bien la segunda parte en las fichas de cuentas y falla en los problemas, el atasco casi siempre está en la primera.
El currículo lo dice con todas las letras. El Real Decreto 157/2022, que fija las enseñanzas mínimas de Primaria, explica así la primera competencia de Matemáticas: «La comprensión de una situación problematizada [...] es siempre el primer paso hacia su resolución». Es decir, antes de operar hay que entender. Y entender un enunciado es, ante todo, leer bien.
La buena noticia es que esto se puede comprobar en casa en cinco minutos, sin fichas especiales. Basta con cambiar el orden de las cosas: primero contar, luego calcular.
Paso 1: que te lo cuente con sus palabras
Pídele que lea el problema y, sin escribir nada, te cuente de qué va. Como si se lo contara a un amigo que no lo ha leído. Este es el paso que más información te da, porque te enseña exactamente dónde se pierde.
Un ejemplo de 2.º: «Lucía tiene 12 cromos. Tiene 5 cromos más que Hugo. ¿Cuántos cromos tiene Hugo?» Si tu hijo dice «Lucía tiene 12, Hugo tiene 5 más, así que Hugo tiene 17», ya sabes cuál es el problema. No es la suma. Ha entendido al revés quién tiene más. Quien tiene más es Lucía, así que Hugo tiene menos: 12 − 5 = 7.
Si lo cuenta bien pero luego opera mal, el fallo está en elegir la operación o en el cálculo, y eso es otra conversación. Si no es capaz de contarlo, todavía no hay nada que calcular.
Paso 2: busca la pregunta antes que los números
Muchos niños leen el enunciado buscando números, como quien busca monedas en el suelo, y en cuanto tienen dos, operan. Enséñale a buscar primero la pregunta y a subrayarla. Luego, que diga en voz alta qué tiene que averiguar: «tengo que saber cuántos cromos tiene Hugo».
Un truco que funciona: tapa los números con el dedo o con un papel y que te cuente el problema sin ellos. «Lucía tiene unos cromos, tiene algunos más que Hugo, ¿cuántos tiene Hugo?» Sin cifras a la vista, el niño tiene que pensar en la situación y no en la cuenta.
Paso 3: localiza la palabra que lo despista
Casi siempre el tropiezo está en unas pocas expresiones. Cuando tu hijo te cuente el problema mal, fíjate si aparece alguna de estas:
- «más que», «menos que»: comparan dos cantidades, y no siempre piden sumar o restar lo que parece. Es la trampa del ejemplo de los cromos.
- «cada»: en «4 paquetes de 6 yogures cada uno» hay una multiplicación, 4 × 6 = 24. Si se le escapa el «cada», suma 4 + 6.
- «le quedan», «le faltan»: no es lo mismo lo que queda después de gastar que lo que falta para llegar a una cantidad.
- Datos que sobran: en «Paula tiene 9 años y compra 3 cuadernos de 2,50 € cada uno, ¿cuánto paga?», la edad no sirve para nada. La respuesta es 3 × 2,50 = 7,50 €. Muchos niños creen que todos los números del enunciado hay que usarlos.
No hace falta una lista de palabras para memorizar. Las palabras clave engañan a menudo, como explicamos en problemas de multiplicación. Lo que ayuda es que, cuando tropiece con una, la convierta en una situación que pueda imaginar.
Que el cálculo no le frene
Con una cuenta de familia gratuita, tu hijo practica las tablas y las sumas hasta 20 a su ritmo y tú ves su progreso.
Paso 4: dibújalo, aunque parezca de pequeños
Un dibujo rápido aclara más que diez explicaciones. Para los cromos, dos barras: la de Lucía más larga, la de Hugo más corta, y la diferencia marcada con un 5. Al verlo, el niño entiende enseguida que Hugo tiene 12 menos 5. Es la idea del modelo de barras que usa el método Singapur, y sirve con cualquier método.
En un problema de varios pasos, como «en el autobús van 23 personas, en la parada bajan 8 y suben 5», el dibujo puede ser una fila de personas que se tacha y se amplía: 23 − 8 = 15, y 15 + 5 = 20. Si los problemas de dos pasos son su punto débil, en problemas de dos operaciones están los errores más comunes.
Paso 5: calcula, y luego responde con una frase
Solo ahora toca la cuenta. Y al terminar, una última comprobación: que escriba la respuesta con una frase completa, «Hugo tiene 7 cromos». Al escribirla, muchos niños se dan cuenta solos de que algo no cuadra. Si hubiera puesto «Hugo tiene 17 cromos», al leerlo junto al enunciado vería que Hugo tendría más que Lucía, justo lo contrario de lo que dice el problema.
Si la cuenta es lo que le frena, porque tarda tanto en calcular que pierde el hilo del enunciado, conviene soltar el cálculo aparte. Las tablas y las sumas sencillas tienen que salir sin esfuerzo para que la cabeza quede libre para pensar. Para eso sirven el cálculo mental y un rato corto de tablas cada día.
Cuándo no es solo lectura
Si tu hijo también lee con mucho esfuerzo en Lengua o en Ciencias, el problema va más allá de las matemáticas, y merece una conversación con el tutor. Lleva ejemplos: un problema que no supo contar y el mismo problema leído por ti en voz alta. Si leyéndoselo tú lo entiende y leyéndolo él no, es un dato muy útil para el colegio.
Si, en cambio, cuenta bien los problemas pero no sabe qué operación hacer, el escalón que falta está en el significado de las operaciones. Lo tratamos en mi hijo no entiende matemáticas. Para mañana: elige un solo problema de los deberes y, antes de que coja el lápiz, pídele que te lo cuente sin números.
Preguntas frecuentes
¿Le leo yo el enunciado en voz alta?
Una vez, para averiguar si el problema es la lectura: si leído por ti lo entiende, ya lo sabes. Como costumbre, mejor no, porque en el examen tendrá que leerlo solo. Lo útil es que lo lea él, despacio, y luego te lo cuente.
¿Qué hago si siempre pregunta si es de sumar o de restar?
No le contestes con la operación. Devuélvele la pregunta con la situación: ¿al final hay más cromos o menos? ¿se junta algo o se quita algo? Si contesta eso, la operación la encontrará él. Esa pregunta es la señal de que busca una regla en lugar de imaginar lo que pasa.
¿Cuántos problemas tiene que hacer en casa para mejorar?
Pocos y bien hablados. Uno o dos problemas al día, contados con sus palabras antes de calcular, enseñan más que una ficha de diez hechos a toda prisa. Lo que mejora la comprensión es hablar del problema, no la cantidad de cuentas.
