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Veerle Dielen · Maestra de Primaria · 28 de octubre de 2026 · 5 min de lectura · Para familias

Discalculia y TDAH: cómo distinguir los errores

Dos sumas corregidas lado a lado: a la izquierda un despiste con el signo, a la derecha un error de cálculo por contar

Un niño con TDAH y un niño con discalculia pueden traer a casa el mismo examen con un 4. Pero si miras los errores uno por uno, cuentan historias muy distintas. El TDAH produce despistes en cuentas que el niño sabe hacer; la discalculia produce errores en lo que no entiende. Distinguirlo cambia por completo el tipo de ayuda que necesita.

La misma nota, dos problemas distintos

Cuando un examen de mates sale mal, lo primero que se mira es la nota. Lo segundo, cuántas cuentas están mal. Casi nadie mira lo tercero, que es lo que más información da: qué tipo de error hay en cada una.

Un niño con TDAH suele fallar por falta de atención sostenida. Sabe sumar llevando, pero en la quinta cuenta se le olvida la llevada, o lee un menos donde hay un más. Un niño con discalculia falla porque le falta la base: no tiene claro cuánto vale cada número ni cómo se relacionan, y compensa contando. Desde fuera, las dos cosas parecen «va mal en mates». Por dentro no se parecen en nada.

Discalculia y TDAH, error por error

Esta tabla resume las diferencias que más se ven en las fichas. Ningún rasgo suelto sirve de diagnóstico, pero si la mayoría de los errores de tu hijo caen en una columna, ya tienes una pista.

Qué mirasMás típico del TDAHMás típico de la discalculia
Dónde fallaAl final de la ficha, cuando se cansaDesde la primera cuenta
Si repite la cuentaLa segunda vez suele salir bienVuelve a fallar, a menudo igual
Tipo de errorSigno cambiado, llevada olvidada, número mal copiadoResultado que no tiene sentido, como 4.000 en lugar de 400
Al señalarle el error«Ah, claro», y lo corrige soloNo ve qué está mal
Con calma y uno a unoMejora muchoMejora poco
Sumas pequeñas, como 7 + 5Las sabe de memoriaLas sigue contando

Dos fichas, dos historias

Imagina a Hugo y a Martina, los dos en 3.º, con la misma ficha de sumas llevando.

Hugo hace bien las cuatro primeras. En la quinta, 345 + 128, escribe 463: se le ha olvidado sumar la llevada de las unidades, y el resultado correcto es 473. En la séptima, que era una resta, ha sumado. Cuando su madre le dice «mira la quinta», la mira, dice «uy» y la arregla en diez segundos. Ese es el patrón del despiste: sabe hacerlo, pero no ha estado ahí todo el tiempo.

Martina tarda mucho en cada cuenta. En las unidades de 345 + 128, cuenta con los dedos desde el 5 hasta llegar al 13. A veces se pasa uno y escribe 14. Y en una cuenta de 400 y pico le sale 4.013 sin que le llame la atención que el resultado tenga una cifra de más. Cuando su padre le señala el error, ella vuelve a contar y llega al mismo sitio. Ese es el patrón de la falta de base: el problema no es estar atenta, es que el camino que usa, contar, es largo y frágil.

Hugo necesita estrategias para mantener la atención. Martina necesita volver a la cantidad. Darle a Hugo más sumas para entenderlas le aburrirá. Pedirle a Martina que se concentre más no le servirá de nada.

Cuando van juntos

Lo que complica el panorama es que el TDAH y la discalculia aparecen juntos más a menudo de lo que dictaría el azar. Un estudio con unos 20.000 niños de los Países Bajos, del que informa la Universidad de Ámsterdam, encontró que el 37 % de los niños con TDAH tenía también dislexia o discalculia. Los autores lo atribuyen sobre todo a una base genética compartida, no a que una condición provoque la otra.

En la práctica, esto quiere decir que un diagnóstico de TDAH no cierra la pregunta. Si tu hijo ya está diagnosticado y toma medicación o sigue un plan, y aun así los errores de la segunda columna no desaparecen, pide que se valore también el cálculo. Y al revés: un niño con discalculia que además se distrae mucho puede necesitar que se mire la atención.

Qué ayuda en cada caso

Si los errores son de despiste, lo que funciona es acortar y estructurar. Fichas de cinco cuentas en lugar de veinte, con una pausa entre bloques. Un círculo de color alrededor del signo antes de empezar cada cuenta. Una lista de repaso de dos líneas pegada en la mesa: «¿he mirado el signo? ¿he sumado la llevada?». En tablas de multiplicar con TDAH explicamos cómo organizar sesiones cortas que se terminan de verdad.

Si los errores son de comprensión, hay que bajar un escalón y trabajar la cantidad: comparar números, reconocer grupos sin contar, descomponer. Lo contamos en detalle en discalculia en niños. Aquí la repetición sin más no ayuda: repetir un camino equivocado solo lo hace más rápido.

Si hay de los dos, empieza por lo que más pesa. Muchas veces conviene primero quitar presión de atención (fichas cortas, una cosa cada vez) para poder ver con claridad qué parte sí es de comprensión.

Un experimento sencillo para esta semana

Imprime una ficha de diez cuentas del tipo que hace ahora en clase, por ejemplo de las fichas de sumas y restas en vertical. Un día, déjale hacerla entera como siempre. Otro día, otra ficha del mismo tipo, pero partida en dos: cinco cuentas, un descanso de cinco minutos, y otras cinco. Y en esta segunda vez, que lea en voz alta el signo antes de cada cuenta.

Si los errores bajan mucho, el problema principal es de atención. Si apenas cambian, y además son del mismo tipo, mira la comprensión. Apunta lo que veas y llévalo al tutor: es una información muy útil para el equipo de orientación. Y si además se atasca en los problemas aunque las cuentas le salgan, lee también discalculia y dislexia, porque a veces la dificultad está en la lectura del enunciado.