Discalculia y TDAH: cómo distinguir los errores

Un niño con TDAH y un niño con discalculia pueden traer a casa el mismo examen con un 4. Pero si miras los errores uno por uno, cuentan historias muy distintas. El TDAH produce despistes en cuentas que el niño sabe hacer; la discalculia produce errores en lo que no entiende. Distinguirlo cambia por completo el tipo de ayuda que necesita.
La misma nota, dos problemas distintos
Cuando un examen de mates sale mal, lo primero que se mira es la nota. Lo segundo, cuántas cuentas están mal. Casi nadie mira lo tercero, que es lo que más información da: qué tipo de error hay en cada una.
Un niño con TDAH suele fallar por falta de atención sostenida. Sabe sumar llevando, pero en la quinta cuenta se le olvida la llevada, o lee un menos donde hay un más. Un niño con discalculia falla porque le falta la base: no tiene claro cuánto vale cada número ni cómo se relacionan, y compensa contando. Desde fuera, las dos cosas parecen «va mal en mates». Por dentro no se parecen en nada.
Discalculia y TDAH, error por error
Esta tabla resume las diferencias que más se ven en las fichas. Ningún rasgo suelto sirve de diagnóstico, pero si la mayoría de los errores de tu hijo caen en una columna, ya tienes una pista.
| Qué miras | Más típico del TDAH | Más típico de la discalculia |
|---|---|---|
| Dónde falla | Al final de la ficha, cuando se cansa | Desde la primera cuenta |
| Si repite la cuenta | La segunda vez suele salir bien | Vuelve a fallar, a menudo igual |
| Tipo de error | Signo cambiado, llevada olvidada, número mal copiado | Resultado que no tiene sentido, como 4.000 en lugar de 400 |
| Al señalarle el error | «Ah, claro», y lo corrige solo | No ve qué está mal |
| Con calma y uno a uno | Mejora mucho | Mejora poco |
| Sumas pequeñas, como 7 + 5 | Las sabe de memoria | Las sigue contando |
Dos fichas, dos historias
Imagina a Hugo y a Martina, los dos en 3.º, con la misma ficha de sumas llevando.
Hugo hace bien las cuatro primeras. En la quinta, 345 + 128, escribe 463: se le ha olvidado sumar la llevada de las unidades, y el resultado correcto es 473. En la séptima, que era una resta, ha sumado. Cuando su madre le dice «mira la quinta», la mira, dice «uy» y la arregla en diez segundos. Ese es el patrón del despiste: sabe hacerlo, pero no ha estado ahí todo el tiempo.
Martina tarda mucho en cada cuenta. En las unidades de 345 + 128, cuenta con los dedos desde el 5 hasta llegar al 13. A veces se pasa uno y escribe 14. Y en una cuenta de 400 y pico le sale 4.013 sin que le llame la atención que el resultado tenga una cifra de más. Cuando su padre le señala el error, ella vuelve a contar y llega al mismo sitio. Ese es el patrón de la falta de base: el problema no es estar atenta, es que el camino que usa, contar, es largo y frágil.
Hugo necesita estrategias para mantener la atención. Martina necesita volver a la cantidad. Darle a Hugo más sumas para entenderlas le aburrirá. Pedirle a Martina que se concentre más no le servirá de nada.
Cuando van juntos
Lo que complica el panorama es que el TDAH y la discalculia aparecen juntos más a menudo de lo que dictaría el azar. Un estudio con unos 20.000 niños de los Países Bajos, del que informa la Universidad de Ámsterdam, encontró que el 37 % de los niños con TDAH tenía también dislexia o discalculia. Los autores lo atribuyen sobre todo a una base genética compartida, no a que una condición provoque la otra.
En la práctica, esto quiere decir que un diagnóstico de TDAH no cierra la pregunta. Si tu hijo ya está diagnosticado y toma medicación o sigue un plan, y aun así los errores de la segunda columna no desaparecen, pide que se valore también el cálculo. Y al revés: un niño con discalculia que además se distrae mucho puede necesitar que se mire la atención.
Qué ayuda en cada caso
Si los errores son de despiste, lo que funciona es acortar y estructurar. Fichas de cinco cuentas en lugar de veinte, con una pausa entre bloques. Un círculo de color alrededor del signo antes de empezar cada cuenta. Una lista de repaso de dos líneas pegada en la mesa: «¿he mirado el signo? ¿he sumado la llevada?». En tablas de multiplicar con TDAH explicamos cómo organizar sesiones cortas que se terminan de verdad.
Si los errores son de comprensión, hay que bajar un escalón y trabajar la cantidad: comparar números, reconocer grupos sin contar, descomponer. Lo contamos en detalle en discalculia en niños. Aquí la repetición sin más no ayuda: repetir un camino equivocado solo lo hace más rápido.
Si hay de los dos, empieza por lo que más pesa. Muchas veces conviene primero quitar presión de atención (fichas cortas, una cosa cada vez) para poder ver con claridad qué parte sí es de comprensión.
Un experimento sencillo para esta semana
Imprime una ficha de diez cuentas del tipo que hace ahora en clase, por ejemplo de las fichas de sumas y restas en vertical. Un día, déjale hacerla entera como siempre. Otro día, otra ficha del mismo tipo, pero partida en dos: cinco cuentas, un descanso de cinco minutos, y otras cinco. Y en esta segunda vez, que lea en voz alta el signo antes de cada cuenta.
Si los errores bajan mucho, el problema principal es de atención. Si apenas cambian, y además son del mismo tipo, mira la comprensión. Apunta lo que veas y llévalo al tutor: es una información muy útil para el equipo de orientación. Y si además se atasca en los problemas aunque las cuentas le salgan, lee también discalculia y dislexia, porque a veces la dificultad está en la lectura del enunciado.
