Discalculia dislexia: cuando el problema está en el enunciado

Si tu hijo tiene dislexia y además va mal en Matemáticas, es fácil pensar que tiene las dos cosas. A veces es así. Pero muchas otras veces el niño sabe calcular perfectamente y lo que falla es la lectura del problema. Separar una cosa de la otra es el primer paso, y se puede hacer en casa con una hoja y diez minutos.
Discalculia y dislexia: por qué van juntas tan a menudo
Dislexia y discalculia son dificultades distintas: una afecta a la lectura y la otra a los números. Pero comparten más de lo que parece, porque las matemáticas también se apoyan en el lenguaje. Los nombres de los números, las tablas que se recitan en voz alta o los resultados que se guardan de memoria («siete por ocho, cincuenta y seis») pasan por el mismo sistema de sonidos que la lectura.
Un estudio con 691 alumnos de 5.º y 6.º de colegios públicos de la provincia de Málaga, publicado en Frontiers in Psychology en 2025, lo midió. De los niños en riesgo de discalculia, el 48,3 % tenía también dificultades de lectura. De los niños en riesgo de dislexia, el 23,7 % tenía también dificultades en matemáticas.
Fíjate en la asimetría. En ese estudio, casi la mitad de los niños con discalculia lee con dificultad, pero tres de cada cuatro niños con dislexia no tienen un problema con los números. Y eso es justo lo que se olvida: si tu hijo es disléxico y suspende problemas, lo más probable es que el tropiezo esté en el texto.
Cuando el problema está en el enunciado
Mira este problema de 3.º:
Lucía tiene 24 cromos. Le da 9 a Leo y después compra 6. ¿Cuántos cromos tiene ahora?
La cuenta es 24 − 9 + 6 = 21. Para llegar ahí, un niño tiene que leer bien dos números, entender que «le da» significa quitar, que «compra» significa añadir y que «después» marca el orden. Un niño con dislexia puede tropezar en cualquiera de esos puntos sin tener ningún problema con la resta:
- Lee 42 donde pone 24, y el resultado le sale 39.
- Gasta tanto esfuerzo en descifrar las palabras que, cuando llega a la pregunta, ya no recuerda los datos.
- Se salta «y después compra 6» porque se ha perdido en la línea, y responde 15.
Las tres respuestas están mal, y ninguna dice nada de su cálculo. Si solo corriges el resultado, pensarás que no sabe restar. Si miras dónde se perdió, verás que el problema es otro.
Cómo separar lectura y cálculo en casa
Prepara tres problemas del nivel de su curso y haz esta comparación en tres pasos:
- Que los lea y los resuelva solo. Apunta cuántos acierta.
- Léeselos tú en voz alta, despacio, las veces que pida, y que los resuelva. Apunta cuántos acierta.
- Dale solo las cuentas, sin texto: 24 − 9 + 6. Apunta si las hace bien.
| Lo que ves | Qué sugiere |
|---|---|
| Falla al leer solo, acierta cuando se lo lees tú | El obstáculo es la lectura |
| Falla aunque se lo leas, pero las cuentas sueltas le salen | Le cuesta traducir el texto a una operación |
| Falla también las cuentas sueltas | Hay que mirar el cálculo |
| Acierta todo en los tres pasos | Puede ser cansancio, prisa o nervios en clase |
Si cae en la tercera fila, lee nuestro artículo sobre discalculia en niños. Si cae en la segunda, es un problema de comprensión de problemas que también tienen muchos niños sin dislexia, y en problemas de dos operaciones explicamos cómo trabajarlo.
Discalculia dislexia y disgrafía: cuando también falla la escritura
A veces se suma una tercera dificultad, la de escribir. En matemáticas se nota mucho, porque la posición de cada cifra importa. Un niño con letra muy desordenada puede colocar las unidades debajo de las decenas en una suma en vertical, y la cuenta sale mal aunque la haya pensado bien.
La solución más sencilla es el papel cuadriculado: una cifra por cuadro, y las columnas quedan alineadas solas. Para practicar, las fichas de sumas y restas en vertical ya traen las cuentas colocadas, y así el niño se concentra en calcular y no en alinear.
Ayudas que no le quitan el problema
Cuando ya sabes que lo que falla es la lectura, la ayuda tiene que ir a la lectura, no a las matemáticas. Unas cuantas que funcionan bien:
- Leerle el enunciado en los deberes, o dejar que lo escuche. El razonamiento sigue siendo suyo.
- Subrayar los datos con un color y la pregunta con otro antes de empezar.
- Dibujar el problema: 24 palitos, tachar 9, añadir 6. El dibujo convierte las palabras en algo que se ve.
- Enunciados cortos, con una idea por frase, cuando se preparan fichas para él.
Ninguna de estas ayudas le resuelve el problema ni le baja el nivel. Le quita una barrera que no tiene que ver con lo que se está evaluando. En clase existen adaptaciones del mismo tipo, como leerle el examen; las explicamos para los docentes en discalculia en el aula.
Lo que puedes hacer esta semana
Busca en su cuaderno los tres últimos problemas que tuvo mal. Para cada uno, hazte una sola pregunta: ¿la cuenta que eligió era la correcta? Si eligió bien la operación y se equivocó en un número, mira si lo copió mal del enunciado. Si eligió mal la operación, léele el problema y comprueba si así lo resuelve.
Con eso ya tendrás algo concreto que llevar a la tutoría: no «va mal en mates», sino «cuando se lo leo, lo resuelve». Esa frase le sirve más al colegio que cualquier nota. Y si además notas que en la misma ficha falla unas veces sí y otras no, lee discalculia y TDAH, porque la atención también juega su papel.
Preguntas frecuentes
¿Escribir los números al revés es una señal de dislexia?
No necesariamente. Muchos niños de 5 y 6 años escriben el 3 o el 7 al revés, y es parte normal de aprender a escribir. Llama más la atención si sigue ocurriendo con frecuencia en 3.º o 4.º, y sobre todo si va acompañado de dificultades claras de lectura.
¿Le estoy haciendo trampa si le leo los problemas en los deberes?
No, siempre que solo le leas el texto y no le digas qué operación tiene que hacer. Lo que se trabaja en un problema es razonar con los datos. Si la lectura le cuesta, leérselo le permite practicar justo eso. Cuéntaselo al tutor para que sepa cómo los ha hecho.
¿Quién puede valorar si tiene dislexia, discalculia o las dos?
En el colegio, el equipo de orientación, a petición del tutor, mediante una evaluación psicopedagógica. Fuera del colegio, un psicólogo o neuropsicólogo infantil con experiencia en dificultades de aprendizaje. Lo ideal es que valore las dos cosas a la vez, porque se influyen.
